Studia Hermetica surgió en oposición a la universidad como institución y a las facultades de estudios humanísticos en particular. Y como puedes comprobar, a tenor de la red de páginas electrónicas que integran mi trabajo académico, esta crítica fue planteada de manera constructiva y productiva. Cuando emprendí aquella quijotesca empresa me encontraba en mi veintena y era un estudiante ávido de conocimiento; en la actualidad, soy un profesional consolidado y un papá cuarentón. Precisamente porque se trata de un lejano recuerdo, estoy en posición de afrontarlo de manera desapasionada, casi como relatar una biografía ajena. Y por este último motivo, sólo ahora estoy en condiciones de relatar mi experiencia y ayudar a otros jóvenes igual de perdidos que (lo estaba) yo.
Esta entrada del cuaderno está dirigida a ti, joven aspirante. Asumiré que te encuentras en tu veintena y deseas ser historiador, filólogo o artista; superaste tu Bachillerato y Selectividad convencido de tu vocación y elección. Emprendiste estudios humanísticos en tu facultad de referencia, siendo probablemente consciente de que una gran parte de tu entorno te miraba con cierto recelo debido al escaso retorno económico-social de tal elección.
TL;DR: ¿Me arrepiento de haber emprendido estudios humanísticos? No. ¿Tenían razón quienes te alentaban a decantarte por las hard sciences o la ciencia jurídica? No. Sin embargo, ambos noes van acompañados de un cuerpo de notas a pie de página y de aclaraciones de todo orden. Vamos con él.
Empezamos por el aspecto socioeconómico del asunto (y el más feo y controvertido, todo sea dicho). ¿Quieres ser humanista funcionario? ¿Sí? Entonces no tengo nada que enseñarte, ya lo tienes claro. Te vas a hacer el máster del profesorado de Secundaria y Bachillerato para currar en un cole o instituto. No hace falta que sigas leyendo; te deseo mucha suerte en tu carrera profesional. Estas líneas están redactadas pensando en otra persona: un joven aspirante a humanista proveniente de una clase media o media-baja que desea abrirse paso en el mercado privado de trabajo, cuya máxima ambición es la de conocer y experimentar. Y remarco este rango o "clase" social porque si has tenido la suerte de nacer en una familia pudiente (clase media alta o alta), amigo o amiga mía, permíteme decirte que participas de otra liga. Juegas al parchís con un dado más; en tu baraja cuentas siempre con un póker de ases reservado. Tampoco hace falta que sigas leyendo, estas líneas no están dirigidas a ti.
¿Quién nos queda entonces en este "Quién es quién" biográfico? Pues tú, estimado joven colega de fatigas. Deseas experimentar: sufrir, amar, conocer, crear, explorar. Viajar más allá y más adentro; llegar adonde nadie haya llegado y abrir nuevos espacios del saber o nuevas formas artísticas. Deseas cartografiar el mundo al revés, ponerlo todo patas arriba y enfrentarte contra los titanes acomodados con el estimulante y sano propósito de hacerles sentir incómodos y ridículos (porque lo son). Para ti, joven aventurero, todo lo demás es secundario: una carrera profesional, una comodidad socioeconómica, una estabilidad de cualquier laya. Unas vacaciones en Las Bahamas. Todo te suena vacío, inauténtico.
Hablemos de vocaciones. Decántate por estudiar alguna rama humanística o artística si no puedes dejar de pensar e imaginar y de soñar en forma de letras e impresiones. Si arrancarte del lenguaje de los libros, las ideas, el pensamiento, los acontecimientos históricos y sociales y el entendimiento profundo de quiénes somos, qué hacemos aquí y cómo lo hacemos, supone arrancar un órgano vital de tu alma. Si no puedes apartar la vista de las obras artísticas, de la forma de las catedrales, de las raíces de las palabras, de la profundidad histórica y filosófica de los pueblos. Si amas las bibliotecas y las galerías de arte. Si vives por y para los libros. Si te preguntas por todo y por todos. Si la pasión o la curiosidad son tus divisas.
Si para ti es lo mismo ocho que ochenta, será mejor que estudies una FP o grado medio o superior profesional, o bien una rama mucho más cercana al mercado laboral.
¿Has visto las pelis Los siete samuráis o Los siete magníficos? Pues decide qué vaquero o samurái eres tú. Todas las personas no guardan los mismos principios ni las mismas prioridades. Tu ambición puede ser la de ganar conocimiento o ser el mejor en un determinado campo de estudio; o bien, la de ser una persona polivalente e íntegra; una persona más sabia o consciente del medio que le rodea. O puede que presentes aspiraciones mundanas o pragmáticas: dinero y reconocimiento social. Sí, en este último caso tu papá o tu mamá tienen razón. Estudia Medicina, Matemáticas o ADE. Pero hablemos de padres (ahora que llevo casi una década siéndolo, de algún criterio dispongo).
Si vuestros papás insisten en que os hagáis matemáticos o médicos o "científicos", probablemente te encuentres en la siguiente situación: tu papá no pudo estudiar porque se vio obligado a trabajar de joven, o bien el extremo contrario. Tu papá es un pretencioso "científico" o "médico" que considera que su retoño debe ser "o César o nada". Las dos clases andan igual de perdidas; las dos clases merecen compasión. Y lo más importante: las dos clases de padres merecen ser ignoradas sin paliativos.
En el caso que nos ocupa (considerando, recordémoslo, que naciste en un contexto económico-social más bien deprimido), normalmente, tus papás querrán verte en toga o bata porque ellos se ven a sí mismos como unos mindundis mangoneados por los listillos "que estudiaron". Hasta ahí, genial, pero lo que no saben ni nadie les dijo a estos entrañables boomers sin carrera universitaria es lo que realmente cuesta sacar una adelante. Debes estar un mínimo de cuatro años estudiando libracos y aguantando pelmazos. Estar ahí por obligación no es posible ni conveniente; es mucho más eficiente estudiar lo que a uno le resulta estimulante y apasione (siempre será difícil, pero contarás con la ventaja de que esos cuatro, cinco o los años que sean, se te harán menos cuesta arriba).
¿Y vosotros, papás? ¿Habéis visto vosotros las pelis en cuestión? No forcéis a vuestra prole a estudiar lo que no le mola sólo porque aporte mayor rendimiento económico o rédito social (con el vergonzoso y oculto propósito de restregar por ahí que vuestro Luisito o Vanessita son médicos o "abogaos"). No me seáis catetos o neorricos, anda.
Comoquiera que sea, ahí estás, dispuesto a estudiar una disciplina humanística. Enhorabuena y bienvenido o bienvenida.
Algunos elementos a tener en cuenta con antelación:
- ¿No te gusta leer ni escribir con asiduidad, ritmo y diligencia? No sigas leyendo, dedícate a otra cosa.
- Aprende inglés como base lingüística imprescindible. Sin esta segunda lengua, no llegarás a ninguna parte. De hecho, en la actualidad, es el aprendizaje de una tercera lengua el que marcará la diferencia en el mercado laboral. Y será esencial que aprendas a leer con una mínima competencia académica en otras lenguas, como el francés o el italiano.
- Aprende Latín y Griego en diverso grado (este grado dependerá en última instancia de la naturaleza de tus estudios). Ambas lenguas constituyen la base espiritual y científica de la producción intelectual de Occidente. Ignorarlas hará de ti un profesional deficiente.
- Aprende mucha Filosofía y mucha Historia. Ubicar el pensamiento humano en su justo tiempo y espacio hará de ti un humanista de sólida formación. Dicho de otra manera, si eres historiador no sueltes tonterías del tipo "eso es para los filósofos".
- Aprende literatura y religiones comparadas. Saber ubicar cada modelo de pensamiento en su tiempo y espacio marcará la diferencia, puedes creerme. Cada religión en según qué continente y cada escritor en según qué siglo.
- Aprende en diverso grado Paleografía, Epigrafía y Crítica textual. Debes contar con una sólida base exclusivamente basada en los textos. Si te da pereza leer y escribir grandes bloques de texto, esta ingente rama del saber denominada "Humanidades" no es para ti. Dedícate a otra cosa.
- Y se te presupone un conocimiento no ya suficiente sino "supremo" de tu materna lengua, el español. Si cometes faltas de ortografía en tu lengua has escogido muy mal tus estudios. Reconsidéralos.
- Aprende Antropología Social y Cultural básica. Saber ubicar a nuestra especie en su justo lugar te será muy útil en tus estudios, así como saber relativizar y desafiar tus perspectivas culturales emic y etic.
- Las bibliotecas universitarias serán tus máximas aliadas, y por un motivo que entenderás mejor cuando hayas terminado de leer esta guía.
- Aprende a organizarte correctamente. A llegar en tiempo y forma a los exámenes; a llevar las asignaturas al día. A ir más allá de la bibliografía básica recomendada. Ser organizado supone un superpoder que impulsará tu perfil académico y profesional a otro nivel. En futuros posts me extenderé sobre esta cuestión.
- Ejercita tu memoria. Desafíala leyendo constantemente, aprendiendo muchas fechas, eventos, nombres y lugares. Ignora a los que andan por ahí haciendo de menos a los "estudios memorísticos"; lo sepan o no, son cazurros ilustrados. Trata de desarrollar una memoria prodigiosa; esta capacidad básica y crítica de la inteligencia necesita de la anteriormente aludida, la organización y la gestión de agenda. El desarrollo de una y otra en combinación, harán de ti una máquina imbatible en el mercado laboral.
- La memoria se estimula primordialmente mediante la concatenación de ojos y manos (escritura manuscrita). Se memoriza mejor si se escribe a mano y se reconstruye lo aprendido. No te engañes leyendo constantemente la fría pantalla de un ordenador.
- No desdeñes la búsqueda en el tejido vivo de la sociedad: un canal de YouTube o un usuario de Instagram puede enseñarte cosas que ningún profesor al uso se le hubiera ocurrido. Aprende a distinguir entre registros de comunicación escrita y audiovisual y a desarrollar tu criterio y tu juicio crítico sin perder tu capacidad de aprendizaje.
- Los diccionarios serán tus compañeros de viaje. En modalidad digital o en papel, prepárate para recurrir constantemente a ellos.
Y en términos prácticos, ¿para qué sirve el estudio de las Humanidades?
- La superación de un grado en cualquier rama humanística o artística te servirá para acceder a cualquier programa de oposiciones en determinadas escalas y administraciones, de la misma manera que lo harán la Física o la Química. ¿Quieres ser diplomático? Estudia Ciencias Políticas lo mismo que Arquitectura. ¿Quieres presentarte a las oposiciones de Justicia? Con el Bachillerato o cualquier grado finalizado te vale. No, ser profesor de insti no será tu única salida si te decantas por estudiar Filosofía.
- La superación de una disciplina humanística te granjeará el desarrollo de habilidades esenciales en el mercado laboral, tales como la constancia, la paciencia, la autodisciplina, la gestión de agenda, la memoria y el aprendizaje de otros idiomas.
- En relación con el punto anterior, los lenguajes de programación y edición markdown y los sistemas informáticos y la analítica de datos siguen patrones lógicos parecidos a los sistemas filosóficos y lingüísticos. Te será bastante sencillo reubicar tu capacidad de análisis de un lugar a otro, siempre y cuando seas disciplinado y presentes una capacidad de aprendizaje superior.
- El estudio de una rama humanística te capacitará para observar las imágenes fijas o dinámicas de cualquier naturaleza (por ejemplo, de negocio, histórico-sociales o sociológicas) desde una perspectiva única, holística e integradora. Por el contrario, la superación de una disciplina científica te capacitará únicamente para leer y observar de un modo muchísimo más estrecho cada situación.
- La capacidad para ingerir y verter grandes contenidos de texto escrito trabajará a tu favor en toda circunstancia: desde escribir un informe técnico a estudiar unas oposiciones. Arrasarás sobre los perfiles técnicos e ingenieros de todo orden y condición.
- Las extraordinarias habilidades de comunicación verbal y escrita que adquirirás te capacitarán para la venta y la preventa en cualquier sector productivo. ¿En román paladino? Gana más dinero quien factura o hace facturar más.
- Tu capacidad para fascinarte en un museo o una galería artística constituirá un punto de partida perfecto para fascinar a otros en el plano artístico o divulgativo.
No obstante, una última aclaración en este aspecto más "práctico" de las Humanidades. Los logros del humanista se cuecen a más largo plazo; sus frutos tardan más en madurar; su floración, si bien hermosísima, conllevará largos años de espera. Y lo más importante: los logros de un artista o un humanista no se miden únicamente en términos económico-sociales, sino en estirpe y nobleza de espíritu; en profundidad anímica y reconocimiento externo e interno. Esta dimensión aeconómica es esencial en cualquier sociedad avanzada o pretérita: los humanistas somos el recuerdo del pasado latente y del futuro remoto; somos el conocimiento del laberinto del alma y la llama invisible que calcina las razones prácticas. Estudiamos por qué y cómo se (con)mueven los fontaneros y los ingenieros nucleares. Sin nosotros, no habría nadie que se ocupara de promover la belleza, el bien o la justicia en cualquiera de sus formas.
Recuerda: cada samurái tiene sus prioridades y objetivos. No trates de alterar el ecosistema con flora y fauna invasoras.
En lo que a las facultades de conocimiento humanístico en sí, he observado algunas carencias graves que las hacen particularmente ineficientes:
- No se promocionan las artes de comunicación y desarrollo de discurso coherente. Como estudiante, tuve ocasión de echar mucho de menos el desarrollo de la oratoria y la crítica textual avanzada en sus pruebas y exámenes. ¿Que te mola el comunismo y eres antisistema y quieres decírmelo? Guay, Jonay, vuelve a contármelo con el objeto de persuadirme con formas y argumentos poderosos y exquisitamente ejecutados, no para escupirme escoria prefabricada podemita.
- No se promociona el uso de tecnologías avanzadas de información en la elaboración de trabajos académicos. Y no, no me refiero a la IA en este recuento; sobre esta nuestra gran amiguita hablaré un poco más adelante. Hablo de algo más básico y útil: lenguajes de sintaxis y edición, de programación y edición de textos; de realizar búsquedas útiles en la red, de bases de datos académicas libres y de citar correctamente fuentes digitales. De ser rápido y eficaz en el uso de dispositivos digitales.
- No se promociona el aprendizaje de nuevos idiomas en el aula y fuera de ella. ¿Clases impartidas íntegramente en inglés o francés? Cero. ¿Obligación para aprobar citando referencias bibliográficas en otros idiomas? Cero.
- No se enseña a hacer buen uso de las bibliotecas universitarias (ni mucho menos, las históricas). Eché en falta "tours" pedagógicos por estos santuarios del conocimiento. Cómo citar, cómo y dónde buscar. Cómo montar una exposición de libros. Cómo tirar del hilo (bibliográfico) a la hora de confeccionar trabajos.
- Un porcentaje amplísimo de las asignaturas se basa en el estudio ligero de un solo manual general. "Historia de", "Elementos de", "Rudimentos de", "Manual de". Por lo tanto, las clases están planteadas en similar porcentaje en cosechar apuntes dictados por el profesor a toda velocidad. Si lo piensas, no tiene sentido; para eso, mejor decantarse por la UNED y leer el libro completo haciendo uso de método y criterio.
- Apenas existe contacto con el mundo exterior en los terrenos de la empresa o económicos. Aquello queda para otro universo paralelo, lejano y ajeno a los empollones que te han tocado como profesores.
- Apenas hay trabajo o "expediciones" de campo (sobre todo, hablo en los terrenos de la Arqueología). Y de haberlas, aprovéchalas.
- Cada universidad decide especializarse torticeramente en determinadas materias, en ocasiones, en función del currículum de sus profesores. Dicho de otra manera, si hay muchos profes especialistas en Prehistoria, he aquí que la oferta de optativas sube como la espuma en esa rama: Prehistoria de Género, Antropología Magdaleniense, Achelense Avanzado III. Error: la formación no debería estar basada en los currículums de los doctores Pepe o Mari, sino en desarrollar un variado y estimulante currículo académico. Si una facultad de Humanidades exhibe en su lista más asignaturas relacionadas con la Metodología de las Ciencias Sociales que de Latín y Griego, mal vamos.
Todos estos puntos podrían condensarse en el siguiente titular: "No se te enseña a desempeñar un oficio; se enseña una cadena deshilvanada e incoherente de teoría pobremente comunicada".
Estas carencias provocaron que buscara fuera lo que no podía encontrar dentro. Es decir, de estas carencias surgió Studia Hermetica.
Ahora, imagina una universidad que promocionara estos métodos y formas. ¿A que ya no te parecería tan fácil ni tan absurdo decantarte por el estudio de una especialidad humanística? Obligado a orar, hablar y escribir en otros idiomas y elaborar trabajos universitarios óptimamente escritos y presentados. Nos encontraríamos en otro nivel de conocimiento; con unos profesionales mucho más capaces y preparados para afrontar un mercado laboral progresivamente exigente.
Por el contrario, la realidad es decepcionante. Veamos.
Audaz explorador (dicho en género neutro), te tengo reservada una funesta noticia: las facultades de Humanidades están dirigidas y copadas por abúlicos y narcisistas incompetentes en amplio porcentaje. Y las honrosas excepciones a este aciago hecho no hacen más que confirmar la regla. ¿Que en cuántas universidades y facultades he estudiado para aseverar tal cosa? Pues nada menos que en cuatro: la UGR, la ULL, la UNED y la USAL, cursando hasta cinco grados universitarios desde 1999 hasta 2023. La Universidad de Salamanca está muy por encima de las otras aludidas, aunque la UNED, con todos sus defectos (de los que daré cuenta un poco más adelante), reviste una ventaja fundamental: el elemento profesorado pierde sentido a favor del esfuerzo personal. No obstante, en conciencia, no te podría recomendar aún esta modalidad de estudios; todavía eres muy joven y tierno para organizarte y disponer de tal férrea disciplina de autoestudio.
¿Que a qué me refiero cuando aludo a profesores "incompetentes" o "narcisistas"? Pensaba que nunca me lo preguntarías...
- Un incompetente se caracteriza por carecer de los conocimientos básicos para desarrollar su actividad profesional. Apenas ha entrenado las facultades básicas de la inteligencia y su lex artis: memoria, capacidad de análisis, capacidad de reflexión, habilidad de oratoria y comunicación. El incompetente presenta escasas habilidades lingüísticas o de escritura. Carece de disciplina y de orden. Es frívolo y descuidado en sus clases y en la composición y equidad de sus exámenes y pruebas. Carece de conocimientos académicos sólidos como para posicionarse dignamente en el escalafón internacional.
- Y un narcisista desatiende los que deberían ser sus principales objetivos como maestro: enseñar, comunicar, transmitir, fascinar o atraer. Para él o ella, los alumnos son ganado infraeducado al que domeñar, despreciar y desalentar. Una masa informe de idiotas iletrados cuyo único propósito es el hacerle la pelota; el de ser público adorador.
Con diferencia, la peor ralea de profesorado es la segunda, y si ya combinamos ambas categorías en una sola persona, apaga y vámonos. Dos consejos para lidiar con uno y otro:
- El incompetente suele ser vago por naturaleza. En el fondo, es consciente de que no sirve para esto. De que le supera con creces y, lo más importante, de que no le interesa la materia ni el mundo académico en el que ha acabado embarrancando por empollón. Por ese motivo, suele seguir una lógica muy predecible: se aprueba yendo a clase, leyendo tal o cual capítulo "del libro", o paseando tranquilamente a través del itinerario absurdo que su deficiente mentalidad haya marcado. Te recomiendo que identifiques ese patrón y te aproveches de él. No merece la pena el enfrentamiento; sólo conseguirías hacerle llorar.
- Al narcisista es mejor evitarlo: te recomiendo que cambies de profesor, si te es posible. Si no pudieras evitarlo, te restan dos alternativas para sobrevivir: confundirte entre el gentío sin sacar mucho la cabeza ni degradarte, o bien enfrentarte a él o ella (en este último caso, sólo si la toma contigo, te fuera la marcha o no te quedara otro remedio). Si llegaras al enfrentamiento, busca testigos y pruebas por escrito. Y denuncia por las vías oficiales establecidas por la universidad (ej. el Defensor del estudiante).
Como nota vagamente al margen, he de decir que he tenido ocasión de encontrarme con una concentración inusualmente nutrida de incompetentes en las especialidades comprendidas en la Historia Contemporánea. Y de narcisistas en los campos que integran la Historia de la Antigüedad. Curioso, cuando menos.
¿Pero acaso crees, joven aspirante a humanista, que estoy culpando al profesorado de esta situación? Nada más lejos de la realidad. Con probabilidad, tu principal obstáculo no radicará en los profesores (pobrecitos míos), sino en tus propios compañeros. A las Humanidades no suelen ir las mentes más brillantes o vocacionales, por decirlo suavemente. Suelen acudir a estas facultades los deshauciados, los desordenados, los inmaduros o, directamente, los acomodados y los idiotas. Esto se traduce en la práctica en un descenso dramático del nivel intelectual y académico de la asignatura en cuestión. Ruido, incapacidad para procesar ideas abstractas, faltas de ortografía y sintaxis y carencias de base de todo orden (comentarios de texto, competencia en otros idiomas, bagaje cultural básico, etcétera). Obviamente, a mayor especialización de los estudios, menor cantidad de tontos. Por ejemplo, a Filología Hebrea o Clásica o Eslava o Francesa, normalmente acude un porcentaje bastante mayor de personas brillantes o dotadas de vocación para su área de actividad, de ahí el descenso promedio y relativo del número de alumnos. Si te es posible, matricúlate mejor en una de estas ramas más especializadas o especiales, antes que otras generalistas tales como "Historia" o "Humanidades".
La dinámica profesores-alumnos marca el ritmo último de una facultad. Si uno de los dos nos falla, se nos cae el edificio entero. Es más, en ocasiones, estos incompetentes y narcisistas profesores han sido alentados por generaciones de alumnos torcidos. Al final, acaban por aburrirse y tirar la toalla, lo que no me genera un ápice de empatía hacia ellos (si compruebas que no avanzas en tu carrera profesional, dedícate a otra cosa o reinvéntate, no nos hagas la vida más difícil al resto).
Con el fin de compensar estas carencias graves de una y otra índole a las que he aludido, no te quedará más remedio que buscarte la vida, joven padawan. ¿Recuerdas por qué y cómo surgió Studia Hermetica? Un joven insatisfecho, harto de coger apuntes sin ton ni son y ahíto de ideas que explotaban en su cabeza; un joven ávido de experiencia y conocimientos. ¿Qué es lo que hizo tal joven? Pues buscar en cada biblioteca; escribir a cada investigador; escribir y leer todo lo que caía en sus manos. Y sobre la base de este conocimiento, he aquí los siguientes principios:
- Si no existe eso que quieres en el mundo real, no desdeñes la posibilidad de que no se le haya ocurrido a nadie. Es decir, si detectas una carencia real, trata de darle tú respuesta, no te limites a criticar o a quejarte. Ponle remedio con los (pocos) medios con los que cuentes.
- Como consecuencia del principio anterior, deriva este: si no ofreces actividad o alternativa, no deberías tener derecho a quejarte. Pregúntate siempre: "¿y yo qué estoy haciendo para ponerle remedio a esta situación?"
- Busca a otras personas como tú, armadas de idénticas locuras e inquietudes. Y cuanto más lejos de tu pequeño mundo, tanto mejor. Persígueles en todos los países y regiones. Háblales y peléate con ellos y ellas. En ese sentido, Internet y la lengua inglesa son tus mejores amigas.
- Prepárate para que te partan la cara: acepta las críticas (justas e injustas) y combátelas con argumentos. No te preocupes tanto por el ego de nadie (tampoco por el tuyo); aplástales si es necesario; se lo merecen por haberse dejado dormir en los laureles o carecer de talento y con sueldazo a cambio ;)
- Sé ambicioso: no te limites a salir del paso o aprender lo básico. Ve mucho más allá, superando a tus profesores en su propio terreno. Haz que les sea muy difícil ignorarte o menospreciarte. Golpéales fuerte con tu talento.
- Desarrolla tu capacidad de trabajo y sacrificio. Aún te queda mucho por aprender; muchas horas de estudio y reflexión. Sé paciente en tu impaciencia.
- Olvídate de que las IA o LLMs sean tu respuesta para todo. Contar con el resultado final de algo no será jamás sustitutivo del verdadero talento y del proceso de aprendizaje. Si sólo preguntas a una mente de silicio y copia-pegas sus respuestas, no adquirirás las habilidades necesarias para el correcto desempeño de tu oficio de humanista ni serás capaz de juzgar el resultado de sus respuestas. ¿Mi consejo? Salvo que emplees a este tipo de modelos como asistentes de estudio, hecho muy sano y benigno, deberías desecharlos a la hora de producir. Aprende tú a pensar; aprende tú a escribir; aprende tú a ser paciente y aprende tú a soportar la frustración constante en el estudio.
¿Que qué universidad en sus ramas humanísticas de las que conozco te recomiendo? Te voy a decir la que no recomendaría ni a mi peor enemigo: la UGR. Aléjate de esa Facultad de Filosofía y Letras a toda velocidad. En serio; no digas luego que no te lo advertí. La ULL, pobrecita mía, ha llegado hasta donde, supongo, razonablemente pudo llegar. Aléjate de ella también. Y guardo gratos recuerdos de la USAL; la recomendaría aunque sólo fuera por sus magníficas bibliotecas (particularmente, la de Filología).
Sin embargo, para mi talante y necesidades concretas, mi opción preferente fue y será la UNED. Considerando que eres un estudiante pobre, no podría recomendarte ninguna opción de universidad privada a distancia; sus tasas son prohibitivas, no en vano, un buen puñado de ellas te regalan títulos a cambio de guita. En otro post me comprometo a confeccionar una guía de estudio en esta universidad pública a distancia (con mi Grado en Geografía e Historia en esta universidad como credencial principal).
Así transcurrirán tus años de estudiante... Pero aguarda, ¿no habíamos dicho que eras un estudiante pobre de solemnidad y que las Humanidades conllevaban mucho tiempo de gestación? No te preocupes, Iván got you covered:
- Desarrolla uno o varios superpoderes adicionales; tales superpoderes podrían ser los de saber vender, hablar en público o comunicar, tener muchos amigos, ser políglota, un manitas o un as de las nuevas tecnologías. Mientras finalizas tus estudios o tras ellos, estos superpoderes podrían convertirse en salvavidas económicos. Tales habilidades especiales te acompañarán durante y tras finalizar tus estudios. Y, en todo caso, intensificarán a la enésima potencia todo lo aprendido en esta tu carrera universitaria o grado humanístico o artístico.
- Aprende a aceptar trabajos escasamente especializados y poco remunerados. Llénate de experiencia sin renunciar a tu dignidad. Siendo joven y estudiante, te convertirás en carnaza para empresas pirata desalmadas; no pasa nada, réstale importancia. Endurécete y sigue adelante y a contracorriente.
- No sólo de economía vive el hombre y no sólo de sacrificios va esta vida. Aprende a ser feliz desempeñando tareas no remuneradas mas estimulantes y apasionantes. No darán de comer al cuerpo sino al espíritu. Y engrosarán tu currículum.
- Registra cada publicación (a tu nombre); cada entrada de blog; cada actividad académica. Hay una línea roja muy clara en este proceso de aprendizaje y trabajo continuos: no dejes que otros se apunten tus tantos. Fuérzales a capitular. Una derrota vale lo mismo que una victoria mientras te mantengas en la lucha.
- Concéntrate más en desarrollar habilidades prácticas y en erigir proyectos concretos y complejos, que en sumar títulos de cursos. El mercado laboral valorará mucho más lo que hayas logrado construir que aquello que ponga en un papel que hayas superado en tantas horas.
- Recuerda que eres humanista, no un ratón de biblioteca ni un técnico introvertido, asocial y antipático. Ello implica que no deberías menospreciar el cultivo de tu físico, lo mismo que de tus habilidades creativas y heurísticas, de idéntica importancia al desempeño de las ciencias más librescas o analíticas. Unas y otras deberían encontrar un equilibrio en ese campo de batalla que constituye la encrucijada de tu mente, cuerpo y espíritu.
- Hay una verdad dolorosa en el mundo de la investigación: existe un claro límite material a tu talento. Ese límite está constituido por tus recursos de investigación. Si no dispones de acceso a literatura híper-especializada (invariablemente prohibitiva en términos monetarios), no serás capaz de producir nada valioso o novedoso en el mundo académico a largo plazo. La contrapartida a este aciago hecho es, una vez más, la red de redes. Un mero acceso a Internet y una capacidad avanzada para efectuar búsquedas efectivas te serán más que suficientes en según qué contextos y en según qué campos del saber. Me pondré yo como ejemplo para ilustrar esto que digo: únicamente pude mantenerme a flote a un nivel académico aceptable (en el área de especialidad de la Historia del Hermetismo en la Antigüedad), desde 2009 hasta 2013. A partir de ese año, no fui capaz (con el tiempo, los recursos y la inclinación de que disponía) de superarme en esa concreta área.
Y llegamos al final: sea como sea, antes o después, acabarás por finalizar tus estudios humanísticos. ¿Y ahora qué? ¿Unas oposiciones, un máster (y luego) un doctorado? ¿Desempeñar una actividad profesional en el mundo de la empresa? Teniendo en cuenta que eres más bien "humilde" en términos económicos, lo más práctico sería trabajar en cualquier cosa mientras te preparas oposiciones. ¿No? ¡NO! Si eres práctico y razonable no te encuentras en nuestra pequeña gran esfera de locos simpáticos. Veamos:
- Un máster especializado en tu área de actividad. Voy a ser muy claro: si un máster no te granjea una actividad profesional más o menos inmediata o te capacita para el desempeño de una profesión concreta e inmediatamente posterior a su superación (Máster de Abogacía, Máster del Profesorado, Máster en Psicología General Sanitaria), no te servirá para nada. Ahórrate esos dineros e inviértelos en certificaciones profesionales concretas (o grados profesionales o de FP). Desecha el estudio de este tipo de posgrados "intelectuales" o "académicos", o posponlos para cuando desempeñes una actividad profesional estable. Habrá otros colegas (igual de locos que tú, aunque pertenecientes a una clase social más desahogada que la tuya), que te recomienden el desplazarte a otro país con el objeto de realizar un curso de posgrado de treinta mil pavos durante tres años de tu vida. Limítate a sonreírles y darles las gracias por su útil consejo (recuerda: habitan en su burbuja personal, no es culpa suya).
- El doctorado conlleva en la actualidad un estudio de posgrado previo durante al menos un par de años. ¿Te puedes imaginar lo que opino sobre él, no? Una pérdida de tiempo y dinero para una persona forzada a acceder al mercado laboral a la mayor brevedad posible. Y si ya tienes obligaciones familiares, ni te cuento. Posponlo para cuando tu posición económica sea más desahogada, y siempre y cuando tengas muy claro cuál es tu objetivo para hacerlo y quién podría ser tu director de tesis (quien, recordémoslo, debería ser uno de los mejores especialistas de su campo; de otro modo, tu maravilloso título sólo servirá para ser colgado en una pared). (O bien si has ido concatenando notazas y generosas becas. En este último caso, no seré yo quien pueda ayudarte. Nunca me tomé tan en serio la universidad [siempre fue difícil para mí, considerando su modelo pedagógico árido, mecánico y defectuoso]).
- En la empresa será donde encuentres un apasionante Salvaje Oeste en el que medrar y caer continuamente; y es este última gran parcela en la que he encontrado mi hogar durante los últimos quince años. ¿Recuerdas todas estas habilidades y capacidades, aprendidas o desarrolladas durante tu travesía estudiantil y académica? ¡Es hora de llevarlas a la práctica! Es en este mundo salvaje y donde se libra una lucha sin cuartel; un mundo en el que hallarás la gloria y la derrota en forma de zigzag. Una montaña rusa de experiencias que harán de ti una persona curtida, capaz y dispuesta a afrontar mil y un retos.
Hablemos de este último, del mundo de la empresa; con creces, el que mejor y más conozco. En calidad de humanista, te recomiendo dos grandes sectores de actividad: el editorial y el tecnológico. Particularmente, este último, tan apasionante, repleto de desafíos y cambios constantes. Un sector en el que he sabido encontrar mi vocación práctica, compaginándola con los conocimientos y logros adquiridos en este mi antiguo proyecto académico y bagaje profesional y biográfico.
El sector editorial no podría recomendarlo salvo como experiencia inicial o esporádica; sus viciados ámbitos se encuentran copados por determinados clanes y se encuentra sometido a una dependencia muy acentuada del sector público y sus (semiamañadas) licitaciones. Por no mencionar la sobrecualificación endémica de sus espacios; prepárate para ver a doctores en Bellas Artes vendiendo lápices a viandantes ocasionales en librerías-papelerías. Nah, ni se te ocurra envejecer profesionalmente en esos ámbitos. Pasa de largo a la mayor brevedad posible, a no ser que te hagas con un puesto de responsabilidad y cualificación suficientes y en según qué franja de edad.
En cualquier caso, ten en cuenta lo siguiente: no existe la travesía biográfica correcta, ni hay por qué obsesionarse con alcanzar el máximo conocimiento en una determinada materia académica, si el sacrificio requerido para ello es el de convertirse en un progenitor ausente o una persona carente de sensibilidad hacia el arte o el descuido de otras áreas de conocimiento igualmente importantes. El verdadero humanista busca el equilibrio o la balanza entre las diversas dimensiones de la persona: practica un deporte, viaja si te es posible; desempeña otro tipo de actividades igualmente estimulantes para tu intelecto. No te limites al conocimiento libresco. Desafíate continuamente.
Las Humanidades encuentran acomodo práctico para quien lo busque con ahínco, pasión y dedicación constantes. Tus habilidades adquiridas de comunicación, oratoria, escritura, memorización, síntesis y análisis, serán extraordinariamente útiles para aquellas empresas que sepan ver en ti el activo tan valioso en que podrías convertirte. Concéntrate en acentuar a la máxima expresión tus habilidades innatas, las desarrolladas durante el estudio de tu grado universitario y las adquiridas durante tu biografía profesional. A todas estas habilidades suma, cual guinda del pastel, una destreza que únicamente los humanistas estamos en posición de desarrollar eficazmente: la adopción de una perspectiva holística, general o de conjunto. Aprende a distinguir patrones, sistemas completos, complejos e interrelacionados de pensamiento y comportamiento; márgenes intratados, cifras disfrazadas de verdades a medias; a identificar los defectos en la maquinaria. Aprende a coordinar lo indómito; a razonar lo ignorado; a rastrear en los campos minados. A separar el sistema del ser humano y sus encrucijadas de relación.
Reservo lo más importante para el final: toda facultad y toda universidad son fútiles. Lo más importante no es finalizar un grado u ostentar un título, sino ser creativo y productivo. En este mundo, vale más quien lee, escribe y produce, que quien se limita a aprobar un examen. Si quieres aprender Latín, siéntate y no te separes de cualquier libro escrito en tal lengua hasta que lo puedas leer y entender de corrido; si quieres ser académico, prepárate para dedicar miles de horas de estudio en bibliotecas especializadas. No hay atajos (y eso es maravilloso).
Oye, y si el estudio de un campo humanístico consigue que seas más feliz o una persona más íntegra y plena, ya te habrá merecido la pena.
Sapere Aude! Atrévete a aceptar el gran reto de ser humanista.

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