Tuesday, December 31, 2019

Los desconocidos

Desconocidos para nosotros; para usted y para mí. Y sin embargo, sus historias fueron fascinantes; sus personalidades, arrolladoras, entrañables y potentes; sus hechos, indescriptibles. Si hubiéramos tenido la oportunidad de convivir con ellos, con seguridad les habríamos amado; no cabe duda de que nuestras vidas habrían sido más intensas, productivas o interesantes a su lado. 

Son esas personas que no conocemos, ni tan siquiera a través de las letras rectilíneas de los libros. Personas fascinantes que vivieron en un olvidado tiempo... o bien que lo harán en un futuro que ya no experimentaremos. De su existencia no podríamos tener noticia aunque nos empeñáramos con todas nuestras fuerzas. Porque sus profundas o sensuales voces no fueron grabadas, ni sus manos fueron registradas llevando a cabo inmensas obras artísticas, o hazañas épicas que bien habrían valido un canto homérico. Tampoco sus nombres están debidamente referenciados en insignes y rimbombantes libros de historia, o en crónicas o tratados filosóficos; ni tan siquiera en cartas o diarios. 

Les imagino bellos e íntimos, puede que envidiados, quizás solos haciendo frente a una realidad radicalmente adversa. Y digo más: puede que ningún otro ser humano (aparte de sus seres más próximos y queridos, si los hubiere o habrá) haya tenido o tendrá noticia de sus gestas. Jamás. 

¿Sabe? Detesto la palabra “anónimo”; y lo hago porque implica una mentira revestida de un ridículo disfraz de verdad. Todos y cada uno de nosotros seremos “anónimos” para los que nos sucedan. Tentado estoy de afirmar que ya lo somos para nuestros congéneres, por mucho que alcancen a manosearnos. A pesar de que nuestros caretos circulen en los registros exhaustos (bajo la críptica etiqueta de ‘YouTube’ o ‘Facebook’) de algún extraño historiador dentro de cientos de años, ellos ya no nos conocerán. Ignoro si nuestros nombres, pintas, temas y tragedias les divertirán, apasionarán o dejarán indiferentes, pero una cosa es segura: nuestros seres verdaderos serán menos que polvo para ellos. 

Me viene a la mente un pequeño remedio no químico para usted que sufre; en general, dirigido a aquellas personas sumidas en una negra tristeza en razón de su gravedad existencial, a saber: deténgase frente a una ventana e imagine todas las situaciones hermosas o apasionantes que en ese preciso instante están sucediendo en el mundo. ¿Ya? Ahora amplíe el espectro al pasado (del futuro hablaremos en unos instantes). Imagine la experiencia de millones de cadáveres que nos precedieron, que hicieron de su vida un hito. ¡Pero no! No les imagine en abstracto, haciendo acopio de una cultura general integrada por falsos recuerdos televisivos. Trate de no convertirlos en individuos lejanos, sin rostro ni sentimientos propios. Atraiga hacia su magín la misma tumba ignorada, en un cerro de Irlanda, en una fosa común en Méjico, o en mitad de ninguna parte en un pequeño islote del Pacífico; su otrora vibrante cuerpo yace ahora carcomido, dividido en diminutos fragmentos de ceniza. Le pido que se concentre en esos trozos que ahora integran otros seres o lugares. ¿Ya? Reintegre ahora los trocitos en una secuencia a cámara lenta, rebobinando la secuencia de muerte... Poco a poco una forma humana va haciéndose presente. 

Su piel era oscura y brillante, su cabello de pizarra negra como el carbón caía a plomo sobre unos ojos claros como el ámbar, sobre unos carrillos dulces y rectangulares, sobre unos labios gruesos que auguran fertilidad. Su talla corta, sus formas acentuadas y apetecibles. Apenas llevaba encima vestido que cubriera su perfecta silueta de mujer. Su voz, articulada en un lenguaje largo tiempo extinto, se nos antojaría sinuosa y seductora; sus sílabas, a caballo entre el francés, el amárico y el farsi, darían testimonio del atroz acto de amor que ella misma, Nee- gashi, acaba de perpetrar. Un acto extraordinario que rompería su corazón sólo para elevarla, en virtud de una lúgubre paradoja, al altar de los mártires. Una grey enfebrecida se arremolinaba en la base de la blanca pirámide, presta para consumar su venganza. Mientras descendía para consumar su destino sólo podía pensar en el rostro dulce de su hijo muerto. 

Los ojos de un niño apenas se entrevieron al pasar. Tristán iba muy rápido, ahíto de ilusión por contemplar la nueva biblioteca al borde de la escalinata. La lengua latina fue su padre y la griega su gran madre, tan huérfano como era de cariño humano; el único modo que encontró de amar el oscuro mundo para el que fue bastardamente concebido fue el de morar como una ratita ilustrada entre libros; colosales tomos de ciencia inmortal con los que aprendió a leer y soñar. De haber podido madurar, no cabe duda de que su obra hubiera competido en intimidad y dulzura con la de su admirado San Agustín, superándole en estilo y quizás crudeza. Aguardábale empero su gran enemigo en la convergencia entre los pasillos grises del piso superior del monasterio, un oubliette tristísimo en forma de mezquino abad, cuyas férreas manos acabarían por extinguirle. 

El anciano de piel acartonada y oscura se disponía a morir con lágrimas de puro agradecimiento; de su vida frenética daba cuenta en silencio, afanado en recordar su primera caricia; su primer lance sangriento; la primera vez que vio el mar. A Hernán un naufragio en la flor de su juventud le abandonó en mitad de un islote, a inconcebible distancia de cualquier cristiano capaz de rescatarle. Los años transcurrieron primero con pesar, hastío y desesperación, para después convertirse en testigos de su ingenio: técnicas de pesca y forrajeo sólo igualadas por las milenarias tribus autóctonas; el registro científico de cientos de nuevas especies minuciosamente esbozadas y descritas en pliegos de arcilla y madera; cantos y cuentos concebidos en soledad durante incontables noches para nunca ser escuchados... Hernán cerró los ojos, encomendándose a Dios. 

Largo tiempo ha que se arruinó el papel que decoraba la pared de aquel ático diminuto en el que vivía Théresse; una poetisa de blanquísima piel cuya frágil salud había encadenado a una cama polvorienta. Esparcidos por el suelo yacían sus textos: historias de piratas salvajes y bellos, sueños cuyo simbolismo hubiera pronosticado novedosas corrientes artísticas; bocetos eróticos nacidos de un alma ansiosa y vibrante que le habrían valido el escándalo y la inmortalidad. Signos de esotérica perversión perecerían al secarse sus pupilas. Porque decidió Théresse que todo acabaría esa noche, al calor de una leña que asfixiara el aire; trató primero de memorizar sus destellos y breves periodos de lucidez, de condensarlos en un único recuerdo que le hiciera llorar. Arrojó por último su obra inimitable al fuego y se durmió para no despertar; su cadáver nunca fue reclamado, pudriéndose lentamente en una morgue de París. 

Aliou gritaba con todas sus fuerzas mientras se ahogaba. En otro tiempo y lugar, su cincelado cuerpo de ébano dio forma a melodías revestidas de profundidad inmemorial; espíritus azules insuflaban de fiera melancolía su espíritu indómito mientras danzaba como un león en pleno ritual de caza. Soplaban sus letanías multicolores a través de la sabana sangrienta, y en esos instantes eternos de apoteosis era consciente hasta la última fibra de su ser del poder transmitido a través de las generaciones de felinos que le precedieron. Consciente de que su mente constituía el eje oscuro de un universo formado por un sol exhausto que descendía sobre sus sienes lentamente, como el agua de un bautismo impúdico que en virtud de la pintura blanca imprimía una máscara a su alma de titán. Mas las palabras sagradas proferidas por Aliou no pudieron evitar que el océano le diera muerte, tan lejos de su amada tierra, tan cerca de su destino europeo. Días después su cadáver macilento fue encontrado en una playa de Fuerteventura: el león sería sepultado en una tumba sin nombre. 

Detengamos nuestro heroico recuento por unos instantes. Le seré honesto, estimado lector: por mucho que me esfuerzo no soy capaz de hacerme una idea de dónde procede y hacia dónde va el soplo vital que alimenta nuestro ser. Sé que así como el ojo no es capaz de girar sobre sí mismo para centrar la mirada en la oquedad oscura del cráneo, así nuestras filosofías de todo orden sólo alcanzan a balbucear sobre nuestro origen y destino. Es evidente que antes, durante y después nos es conocida la realidad de nuestra alma, sin verse obligada a recurrir a la caprichosa percepción de los otros. Porque no necesitamos que nos lean para haber existido, ni que nos vean para sentir. Todos y cada uno de nosotros, anónimos o famosos, somos unos vértices afortunados que han sido condenados a morir lentamente en el frenesí de la vida; protagonistas de una saga épica cuyos nombres fueron largo tiempo olvidados. 

Como humanista dedicado al tejido histórico de las ideas, confieso que en eso consiste mi método de aproximación a cualquier realidad. Imagino cómo vivieron esos héroes su realidad cotidiana, tratando de desembarazarme de la toxicidad que entraña mi propia identidad. En otros términos, considero indispensable deshacerme de mi yo postmoderno con el propósito de morar por unas horas en universos extraños, lo más alejados posible de lo que usted y yo consideramos “normal”. Por ese motivo, me produce tanta tristeza esa forma de enseñar que consiste en ilustrar a los zagales sobre los hechos del pasado echando mano de aquellas realidades que les puedan resultar más cercanas o familiares; de este modo, se explica la filosofía partiendo de cuestiones tan ridículas (y tan del gusto de nuestros tiempos) como “¿era machista Platón?” o “¿existió la democracia en Atenas?” Todos estos planteamientos obvian sistemáticamente la dimensión más compleja y preciosa que entraña el ejercicio del saber, a saber: convertir la propia mente en una caja de resonancia en el que infinitas voces canten al unísono. Un “vaciamiento” epistemológico que podríamos asimilar con la ἐποχή de los escépticos o los fenomenólogos, o bien con el “vaciamiento” perseguido por los místicos en su búsqueda de la divinidad, que nos permita desnudarnos de nuestros vestidos de inmediatez para “vivir otras vidas”, como rezaba la canción de Sabina: 


Con un poco de imaginación 

Partiré de viaje enseguida

A vivir otras vidas,

A probarme otros nombres, A colarme en el traje y la piel 

De todos los hombres 

Que nunca seré 

Joaquín Sabina.

 

Y digo más, si es usted de los que necesita echar mano de conceptos familiares como conditiones sine quae non para comprender lo extraño, debería hacérselo mirar: sufre usted de una peligrosa atrofia de los sentidos rayana en la estulticia. ¿O acaso no es estúpido tratar de entender lo ajeno sin albergar la intención de abandonar lo propio? De hecho, es precisamente esta actitud torticera la que provoca que existan tantos “especialistas” entregados a la Historia contemporánea frente a las carencias presentadas por otros periodos históricos, o sin ir más lejos, estamos ante el mismo principio que previene al adolescente típico de aprender, sobre la base del bastardo adagio de “¿y eso qué tiene que ver conmigo?” 

Decía antes que haría mención del futuro, y así es. No en vano me defino como un especialista del “tejido histórico”, y es propio de la historia avanzar a perpetuidad. Los corrientes ideológicas evolucionan para adaptarse al dinamismo social, máxime en una civilización como la nuestra, sometida al “proceso sin fin de la Ilustración”. ¿Qué será de esos héroes del futuro que no conoceremos? ¿A qué realidades adversas deberán de enfrentarse nuestros amigos de la posteridad? ¿Les serán útiles nuestros “modernos” pensamientos, que dentro de cien años acumularán el polvo de los ataúdes? ¡Quién sabe, quizás no perderemos vigencia en esos otros mundos! Mientras tanto, permanezco muy atento no sólo al probable devenir futuro, sino a la visión que de tal “futuro” sostenemos los habitantes del presente (esto es, la ciencia-ficción, la distopía y la ucronía). 

¿Anónimos? No. Me declaro un conocedor inconsciente de todos esos meteoros incandescentes que abandonaron la vida inadvertidos. Secretamente les admiro sin haberles conocido; ni falta que me hace. A ellos se debe este humilde proyecto denominado “Studia Hermetica”. 

Por lo demás, el proyecto se encuentra en estado latente, como bien habrá podido deducir el curioso lector de estas líneas. De hecho, desde principios de 2017 no he sido capaz de dedicarle el tiempo que me hubiera gustado debido a mis obligaciones profesionales y familiares; situación que no tiene visos de cambiar a medio plazo. El año 2019 marcó un antes y un después en el proyecto, una etapa de máxima actividad en la que, irónicamente, no pude dedicar más que unas horas al año a esta nuestra revista. Y a causa de unas razones muy concretas, preveo que esta situación se prolongue hasta el año 2022, como poco. Mas por qué no reconocerlo, estos quehaceres editores han constituido un punto de partida muy estimulante para mis empresas profesionales, pero su falta de financiación o de beneficio económico inmediato han provocado que sea relegada a un plano muy secundario en mi vida. 

En los próximos años decidiré si dar por concluido el proyecto sería lo más conveniente, o bien el adoptar una línea de publicación mucho más laxa e irregular, de acuerdo con mis posibilidades reales. En cualquier caso, en estos momentos me es imposible pensar con la suficiente claridad como para tomar la decisión adecuada... mas no se inquiete: ando inmerso en la etapa más feliz y productiva de mi vida. 

¡Le deseo unas muy felices fiestas y un próspero Año Nuevo

Friday, August 31, 2018

A new dawn: de 2019 a la eternidad

Estos tres últimos años han sido frenéticos en lo personal y relativamente fructíferos en lo que al proyecto se refiere; en ellos he experimentado cosas que empequeñecen buena parte de lo vivido; cosas que me han granjeado una perspectiva renovada sobre las relaciones personales y profesionales, el uso de la tecnología y mis prioridades mismas.

Pero comencemos por el final: la revista Azogue ha sufrido una renovación importante desde 2016; de un extenso periodo de aparente inactividad se ha pasado a la publicación de un número impresionante, el octavo, y a la perspectiva de continuar creciendo indefinidamente con renovados apoyos. A ver, comprendo la diatriba de José Rodríguez, a pesar de diferir con él en los medios y las formas de publicación y edición online; tenga en cuenta que un trabajo de semejante calado pocas veces ha sido emprendido en nuestro país, no ya en la Historia de la alquimia en particular, sino en la Historia del pensamiento y la ciencia en general… ¡y mucho menos autofinanciado! ¿Qué menos que pedir a cambio una contrapartida económica acorde con otras publicaciones internacionales similares?

Como he comentado a menudo desde 2011, SHJ surgió como un pequeño retoño de Azogue que ha ido creciendo lenta pero inexorablemente. En su actual configuración, nuestra revista tiene asegurada su continuidad mientras yo me mantenga en el mundo de los vivos, pero con toda franqueza hemos llegado hasta donde razonablemente podíamos llegar. El prestigio de nuestra revista, así como su visibilidad en determinados círculos académicos es eso mismo, razonablemente bueno: se nos cita en tesis doctorales y trabajos académicos recientes, hemos constituido la plataforma de un curso de posgrado y coordinado una exposición en el ámbito universitario, han publicado con nosotros investigadores de prestigio internacional, se nos puede hallar en reconocidas bases de datos académicas y hemos logrado integrar consabidos avances técnicos en la web.

Eso significa que a partir de este momento y siete años después de su primera publicación en toda regla (en 2012), sólo podríamos avanzar en los terrenos mencionados (prestigio y visibilidad) si una institución nos apoyara. En cualquier caso, es algo que no me da especiales quebraderos de cabeza, habida cuenta de que SHJ es una iniciativa privada cuya primigenia aspiración, puede creerme, era mucho más humilde.

Por lo demás, la revista (lo mismo que su editor) abandonamos las redes sociales (no profesionales o académicas), en parte por motivos de agenda y en parte por un genético repudio de su funcionamiento general y lo que éste provoca en las mentes que las usan. No me merece la pena perder mi tiempo en ellas; prefiero dedicar mis limitadas fuerzas y energías en formarme, trabajar, investigar y publicar. Siempre he pensado que Internet es una herramienta impresionante, una conciencia colectiva que nos conecta y eleva a todos, pero siempre y cuando sea así. No es oro todo lo que reluce, y en ocasiones es conveniente detener el ritmo desbocado de nuestras vidas para evaluar lo que hacemos y por qué lo hacemos (y qué obtenemos a cambio).

Como puede ver, la revista se renueva estéticamente, sin perder la esencia de sus comienzos: un fondo blanco en vivo contraste con el rojo y una landing page de contenido textual (no gráfico, como en su configuración de 2017-2018), debido a su mejor aprovechamiento SEO. Confío en que sea más fácilmente encontrable por los buscadores, lo mismo que user-friendly.

Pero volvamos a los proyectos ad futurum. SHJ es para mí una iniciativa profesional más; no escribo ni investigo por afición o amor al arte, sino para desarrollar mis habilidades innatas y mi vocación. Pues bien, tras años de plena dedicación al mundo de los libros y la publicación (off line y online), he decidido emprender mi propio proyecto tecnófilo (con permiso de Kaczynski): eXc_lab, una nueva plataforma en la que dar oficial cuenta de mis progresos en la consultoría digital y editorial. Básicamente se trata de un blog al que subiré recursos y contenidos varios; y por qué no, puede que en el futuro se torne el germen de mi propia empresa. ¡Le animo a que me siga allí también, estimado lector!

En relación a la revista, el presente año de publicación está cubierto con un nuevo número académico (si todo va según lo previsto, claro). El 2020, por su parte, aún está envuelto en las brumas del misterio.

¡Muchas gracias por seguir ahí!

Saturday, July 14, 2018

Hermetism and the Underworld

‘Dreaming is imagining’.
James Hillman, The Dream and the Underworld.

‘Le vrai est dans le profond’ (OC, 183).

‘L’essentiel est invisible pour les yeux’.
Saint-Exupéry, Le Petit Prince.

‘A man that is born falls into a dream like a man who falls into the sea (…) The way is to the destructive element submit yourself’.
Joseph Conrad, Lord Jim.

Qué mejor forma de conmemorar este décimo aniversario que con un nuevo eXc dossier (el sexto, por cierto) trinlingüe, dedicado a la escuela arquetipal fundada por James Hillman (1926-2011). Pero como es habitual, antes de continuar he de otorgar el justo mérito a quienes lo han hecho posible con su esfuerzo y buen hacer: Tatsuhiro Nakajima, Federico Divino y David de los Santos Juanes Muñoz. Como puede comprobar, este nuevo dossier ha sido redactado por especialistas muy distintos, que desde posiciones equidistantes han tratado de dilucidar aspectos particulares de la psicología arquetipal y analítica. He querido que sean los propios psicólogos y psicoterapeutas de orientación o inspiración junguiana los que hablen con su propia voz, huyendo furiosamente de la perspectiva académica adoptada por la revista en sus dossieres estrictamente histórico-críticos. David, por su parte, conjuga su faceta de psicólogo con la de historiador del pensamiento. El resultado es un dossier multicolor que explora las extensas ramificaciones de Jung y sus seguidores en el tejido intelectual de nuestro tiempo.

SHJ VIII, 1 (2018) Hermetism and the Underworld

El Dr. Nakajima esboza en su artículo (“Psychology of the 12th Century Renaissance in Wolfram von Eschenbach’s Parzival”) una aproximación heurística a la obra de Jung y Hillman, partiendo de la obra del estagirita y de la transmisión de los Hermetica en la obra de autores como Wolfram von Eschenbach. El resultado es una representación muy sugerente de cómo la historiografía puede tornarse en un ejercicio de antropología, con la vista puesta en la gestación de la psicología analítica como receptora última de las tradiciones platónica y peripatética.


Por su parte, Federico Divino (“L’archetipo di Brahmā. La linguistica archetipica nella comprensione della schizofrenia”) va aún más lejos, proponiéndonos una rama del psicoanálisis profundamente vinculada con la tradición budista (es lo que ha dado en llamar medelogía, una suerte de “budismo reformado” desde posiciones psicoanalíticas y filosóficas). En el artículo que nos ocupa, Divino parte de la escuela arquetipal para tratar de comprender la esquizofrenia, recurriendo a las deidades Brahmā y Ardhanārī, sobre la base de las enseñanzas de Kūkai.

Federico es un jovencísimo intelectual dedicado en cuerpo y alma al estudio de la psique que despliega una intensa actividad. Su trabajo puede ser encontrado con extraordinaria facilidad en la red:

• Medelogy blog: http://www.medelogy.com/



• Página del autor en Facebook: https://it-it.facebook.com/divino.federico.autore/



El artículo de David, “Hillman y la Alquimia”, nos acerca aquellos textos de Hillman relacionados con la interpretación que éste hace de los sueños y la alquimia, ubicándolo en su contexto post-junguiano. Este excelente trabajo supone una coherente evolución académica desde su ensayo “Jung, del Psicoanálisis a la Psicología Analítica” (SHJ V, 1, 2015). David es un viejo conocido de nuestros lectores, así como un miembro activo de SHJ.

• Sombras y delirios: https://sombrasydelirios.com/

The Underworld

Con el término “inframundo” (underworld), empleado tanto por John Dillon (‘underworld of Platonism’, The Middle Platonists, London, 1977, p. 384), como por James Hillman (The Dream and the Underworld, 1979), deseo poner de manifiesto una doble realidad, la una académica y la otra vital. Por un lado, es indudable que, oculta bajo el engañoso manto del cientifismo junguiano o el trasfondo de la escuela platónica, encontramos a nuestra filosofía hermética y sus ramificaciones gnósticas (en el extenso sentido otorgado por la eminente escuela de Hanegraaff y sus seguidores). Al fin y al cabo, un universo viviente, susceptible de ser conocido y manipulado mediante el ejercicio de la imaginación activa es cuita propia de hermetistas, ¿no?

Desde mi lectura de The Dream and the Underworld sigo con mucho interés la obra de este psicólogo universal; en sus páginas descubro a un intelecto despierto e inocente que filosofa sobre la base de la mitología y la filosofía clásicas, con el objetivo de desvelar las realidades ocultas de la psique. Un artista de la palabra que se vale de Heráclito para trascender el fuego secreto de la conciencia:

“Los límites del alma no lograrías encontrarlos, aun recorriendo en tu marcha todos los caminos: tan honda es su razón” (frag. 71).

Esta máxima constituye la clave de bóveda de su obra: la extensión del alma y los distintos modos en los que ésta experimenta no son susceptibles de ser delimitados por ciencia empírica alguna, sino por una labor de terapia cercana en esencia a la mayéutica socrática. El mencionado aforismo del filósofo de Éfeso es particularmente importante para representar la realidad de los sueños:

“The endless variety of figures reflects the endlessness of the soul, and dreams restore to consciousness this sense of multiplicity”.

Hillman establece una profunda relación entre la capacidad visionaria del sueño y la mitología (y de los arquetipos implícitos en ésta), echando mano de artísticas genealogías divinas con el fin de retratar las realidades ocultas del inconsciente. Así, la trilogía Hades-Hypnos-Eros representa a la prole de la Noche, personificada en los infiernos eróticos de los sueños y sus brumas fantásticas. El sueño dispone de significación en sí mismo y para sí mismo, sin recurrir al mito heroico del ego despierto: el alma se hace libre en el ejercicio de soñar (Ba-soul).

Está de más apuntar que este tipo de aproximación interpretativa de los sueños granjeó a Hillman numerosas críticas desde la psicoterapia más “tradicional” o “científica”. Críticas que capeó con distinción, en buena medida debido a su desvinculación con cualquier modo de proceder mainstream.

Estamos necesitados de imaginadores activos, sujetos excogitantes que redescubran la juguetona infancia que subyace en la letra de nuestros maiores; en mis años como scholar he comprobado cómo una cohorte de eminencias grises pertenecientes al campo de las Humanidades engalanan sus testas con las ridículas diademas del hard scientist. De esta manera, veo pasear por la tarima a ufanos filólogos, arqueólogos, economistas o juristas, que con ominoso mazo golpean la credibilidad del resto de profesionales de las letras y las artes, desplegando una abracadabrante erudición que en ocasiones trata de esconder una incapacidad para integrar los conocimientos adquiridos en un sistema de pensamiento coherente, uno que ofrezca respuestas tangibles a los interrogantes eternos que nos aquejan.

Mas no estoy afirmando lo contrario, no se confunda, avispado lector: no infravaloro el trabajo de iconógrafos, paleógrafos, codicólogos o bibliotecónomos; tan sólo digo que el exquisito fruto de su impecable técnica no es capaz de eclipsar nuestra humana necesidad de trascender el muro epistemológico que nos separa de lo “verdadero”. Si no me cree, desconecte su dispositivo electrónico y dese una vuelta por el complejo de Akshardham, por La Kaaba, o por Kuthodaw, Borobudur, Shenoute o Biet Ghiorgis. Esta ínclita explosión de color que denominamos “vida” ha colocado a la sensibilidad humana como eje de su reconocimiento, o en palabras del propio Hillman:

“Our job on the Earth is to love it”

; una afirmación cuya simplicidad no deberíamos rehuir: si por “terapia” denominamos al arte de enamorar a la persona, entonces James Hillman es el más erótico de los terapeutas; o haciendo uso de una terminología más tradicional, James Hillman es un filósofo neoplatónico del siglo XX.

Pero no fui yo, sino Gregory Shaw, eminente especialista en neoplatonismo y teúrgia, quien reconociera este propósito erótico en la obra de James Hillman (“Archetypal Psychology, Dreamwork, and Neoplatonism”, en Octagon. The Quest for Wholeness: mirrored in a library dedicated to religious studies, philosophy and esotericism in particular, H. T. Hakl (ed.), vol. 2, Gaggenau: scientia nova, 2016, pp. 327-358.). Las imprecisiones historiográficas de Hillman, heredero de las erradas tesis de Dodds sobre la teúrgia, no esconden, sin embargo, la fortaleza del argumento: la psicología analítica se enraiza en la tradición platónica tardía, sobre todo en relación a conceptos supuestamente compartidos con ésta tales como soul making, active imagination o el eros intermediario. Dreamwork implica una revelación en el propio entendimiento del sueño, actuando del mismo modo que lo hacía el teúrgo, al despertar lo que de divino hay en nuestra alma con el propósito de asimilarnos a los dioses.

Transitamos a bordo de un navío rompehielos cuya carta esférica no nos es dado conocer; de algún modo intuimos que existe lo verdadero; no obstante, nuestro estrecho sentido de los sentidos nos impulsa a un vacuo empirismo:

“The error of empiricism is its atempt to employ sense perception everywhere, for hallucinations, feelings, ideas and dreams”.

En efecto, Hillman pone de manifiesto una dificultad epistemológica que, desde mi punto de vista, no ha sido lo suficientemente remarcada en el ejercicio de la ciencia, sobre todo en aquélla que linda con la realidad humana (otra manera de denominar al alma, todo sea dicho). Confieso que este modo de razonar heraclitano es lo que más me atrae del psicólogo estadounidense, lo mismo que de filósofos dionisíacos contemporáneos como Nietzsche, Cioran o Zambrano. Esto y, por supuesto, su cruzada por afianzar el erotismo, la belleza y la manía inherentes a la vida humana, con el fin de reforzar la vinculación del individuo con la naturaleza. Si a eso lo llamamos “terapia”, sea; yo en cambio lo llamo filosofar.

Afrontémoslo, en los ámbitos académicos europeos recelamos de los pensadores dotados con el raro don de la vis imaginativa, si bien algunos de tales pensadores se erigen como pilares fundamentales de nuestro basamento metafísico (Platón y Nietzsche, luz y sombra de un mismo universo resplandeciente, conforman un ejemplo perfecto de esta afirmación). De hecho, cualquiera de mis colegas historiadores que han adaptado el método histórico-crítico en sus quehaceres, bien podría espetarme que estoy siendo muy blando o parcial con aquellos autores que desconocen (a sabiendas o inconscientemente) la ecdótica, abriendo la puerta a la maraña interpretativa que conforman los tradicionalistas, junguianos u ocultistas de toda laya. Ante semejante recelo sólo puedo encogerme de hombros: el estudio historiográfico del hermetismo continúa su andadura al margen de sus díscolos interpretadores. Es más: para mí supone un verdadero placer ocuparme, desde posiciones académicas, de una filosofía viva y en pleno crecimiento.

Naturalmente, si dirigimos nuestra atención a los detalles, observamos cómo los esquemas de pensamiento varían de tal modo que nos es sencillamente imposible trazar paralelismos con la alegría de los adeptos al Western Esotericism; sin embargo, tampoco podríamos negar taxativamente que la “actitud psicológica” (anhelo de lo verdadero, espíritu religioso, actitud intelectualizante, angustia existencial) de un ciudadano de El Fayum del siglo segundo de nuestra era, fuera parecida a la de un psicólogo junguiano de los años setenta del siglo XX. Al fin y al cabo, la piedad íntima del hermetismo tardoantiguo “optimista” habla directamente al alma, con un lenguaje visionario erguido sobre dos piernas: una encaminada al conocimiento y otra a la experiencia estética. Otro debate lo constituiría el método de acercamiento a una y otra realidad y, por qué no reconocerlo, nuestra supina ignorancia con respecto a un mundo largo tiempo extinto, el antiguo, del que apenas conservamos una fracción de sus vestigios.

Hillman, en cualquier caso, representa una vuelta de tuerca a la dialéctica antigua: al arte de filosofar sobre la base del mito y la fantasía (“Mythology is a psychology of antiquity”, p. 23). Y con esa feliz afirmación de la vida nos quedamos.

¡Muchas gracias por seguir ahí!


Friday, April 6, 2018

Hermetic Database (Late Antiquity, Renaissance)

Esta lista de recursos online se circunscribe al estudio histórico-crítico del hermetismo y campos relacionados, con especial referencia a la Antigüedad Tardía (concretamente, la Historia del Pensamiento en el Mediterráneo oriental) y el Renacimiento (concretamente, la Historia de la Ciencia en Europa). Hemos reflejado aquellos proyectos, investigadores y publicaciones especializadas que, consideramos, presentan una mayor utilidad en el estudio multidisciplinar del hermetismo teórico-práctico. Nuestro objetivo no es publicar una lista exhaustiva de recursos online, sino un punto de partida útil y ordenado para los aficionados y estudiosos de la materia.

Si es usted un investigador o editor cuyo campo de estudio se circunscribe tanto en la perspectiva histórico-crítica adoptada, como en el conjunto de materias acotadas, no dude en ponerse en contacto con nosotros (ivanelvira@studiahermetica.com), con el fin de que valoremos su inclusión. Naturalmente, si no desea verse reflejado en esta lista, háganoslo saber y retiraremos sus datos. Igualmente, si su filiación académica ha cambiado.

Actualmente (2018-), los países que cuentan con una mayor tradición en el estudio histórico-crítico de la Historia de la filosofía hermética, centrándonos en todo momento en la Antigüedad y el Renacimiento, son Italia, Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos. En menor medida, Alemania, Bélgica y Holanda. Obviamente, cuando vinculamos a un investigador cualquiera a un determinado país, lo hacemos en razón de su filiación académica, no de su nacionalidad.

Este documento no reviste la forma de un artículo académico; su propósito principal es el de servir de apoyo para el emprendimiento de estudios serios sobre las materias listadas, por lo que estará sometido a constante revisión.

El Sr. Rodríguez Guerrero, editor de la Revista Azogue, publica en su actual blog recursos relacionados con la Historia de la Alquimia, con idéntico ánimo: https://buscandolapiedrafilosofal.wordpress.com/.

Campos de investigación abarcados: Coptología, Egiptología, Historia de la Antigüedad Tardía, Historia intelectual del Renacimiento, Estudios bizantinos y neogriegos, Historia de la Alquimia, Historia de la Magia, Historia de la Astrología, Historia del Hermetismo, Historia del Medioplatonismo y el Neoplatonismo, Historia de la Ciencia, Epigrafía y Paleografía griegas y latinas, Arqueología del Egipto helenístico-romano, Historia de las religiones.

Fecha de actualización: 31 de diciembre de 2018.

Sunday, February 18, 2018

Studia Hermetica: 2008-2018

Aquí seguimos, amigo lector, con el ánimo intacto e idéntico el propósito, tras diez años de odisea. Desvelar la Historia de la filosofía hermética, sin pretenderlo, continúa siendo nuestro objetivo. Los que formamos este proyecto compartido que es Studia Hermetica deseamos reconstruir un periodo de la historia sobre la base de sus textos filosóficos; de aquéllos, bien lo sabe, menos conocidos y reconocidos por el mundo académico. Y eso que con tanto infortunio se ha dado en llamar “hermetismo” no es más que una mera excusa para penetrar en el recóndito tejido intelectual de nuestros antepasados.

Aprender a leer es la mayor hazaña jamás lograda por la humanidad; en virtud de las letras, las ideas se transmiten a lo largo y ancho de las millones de muertes que nos separan de ese universo extinto con el que deseamos conectar… derrumbando, arrumbando, arramblando, arrasando, arredrando, derramando y arrullando las infinitas proyecciones que el acto creador nos proporciona. Al contrario que el vestigio arqueológico, las letras continúan vivas en el corazón del ávido lector que persigue penetrar en sus misterios; y sin embargo, no podemos prescindir del utillaje científico que nos devuelve a la mente que en una remota época las produjo. ¿Acaso existimos en un eterno tiempo presente?, ¿acaso la evolución, el progreso y el transcurso de las eras, suponen una máscara de palabras para definir el cambio? No sabría decirlo, ¡no soy más que un hombrecillo que vive y sueña encerrado en una jaula de cristal opaco! Pero sé una cosa: no one’s gonna take my soul away, I’m living like Jim Morrison…

En los próximos meses, si todo va según lo previsto, llevaremos a cabo una severa actualización en la revista, con el fin de conmemorar como se merece este décimo aniversario, además de publicar un nuevo número especial que, confiamos, sea de su interés.

En esta etapa que despierta con el año 2018 deseamos, más que nunca, que siga a nuestro lado.

Carta a un joven humanista

Studia Hermetica surgió en oposición a la universidad como institución y a las facultades de estudios humanísticos en particular. Y como pue...